La ansiedad y el estrés se han convertido en un problema serio que dificulta nuestra vida. Lo consideramos normal por el ritmo de vida, las preocupaciones por la economía, los hijos, el trabajo, etc., y lo vamos sobrellevando esperando el siguiente periodo vacacional.

El ataque de ansiedad o de pánico  es una reacción muy intensa de ansiedad y angustia que se acompaña de una sensación de incapacidad para controlar ese estado. Las formas en las que se manifiesta esta reacción pueden ser muy diversas: Sensación de ahogo o falta de aire, taquicardia, dolor, presión o pinchazos en el pecho, mareos, sudoración, temblores, calambres, hormigueo, nauseas, escalofríos, etc.. Algunos de estos síntomas llevan a la persona a la idea y convicción de que va a morir, de riesgo para su vida o de que van a volverse locos, aumentando así la crisis de pánico.

Esto ocurre en periodos aislados, que relacionamos con la situación en la que se ha producido el ataque, lo cual nos lleva a evitar ese tipo de exposición. Nos coarta la vida cada vez más porque, si el ataque se produce en situaciones distintas, la persona evitará cada una de esas situaciones, que se van sumando.

Aquí te enseñamos a prevenir y controlar esta problemática tan incapacitante y a evitar que vuelva a suceder.

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