Una guía para familiares y personas cercanas.

Cuando alguien cercano sufre una depresión, muchas veces, los familiares no saben como actuar y necesitan algunas pautas para ayudar a esta persona. Por otra parte, la familia intenta ayudar, casi a ciegas, sin conseguir muchos cambios en el ánimo de la persona. También hay muchas veces en que la familia y los allegados, en su intento de querer que el paciente salga de su estado depresivo, constituyen, sin darse cuenta, una fuente de ansiedad y un obstáculo que dificulta la recuperación de la persona aquejada.

Es por esto que nos hemos decidido a exponer esta pequeña guía, destinada a quienes conviven con una persona con depresión, con el fin de paliar las posibles dificultades que se encuentran los familiares en su deseo de acompañar a la persona con depresión.

Uno de los problemas con los que se encuentra la familia de la persona con depresión es la impotencia que supone para ellos verla en este estado. A esto se suma la dificultad para poder comprender lo que le ocurre. Los familiares y personas cercanas han de entender que esta misma dificultad, normalmente, la tiene para consigo misma la persona con depresión, y esto es algo que dificulta la mejoría.

Para entender la depresión, suelo utilizar el símil de un ordenador personal que, por muy potente que sea, si vamos abriendo programas que dejamos en funcionamiento y no los vamos cerrando, llegará un momento en el que se colapsará y la capacidad del ordenador no nos permitirá hacer nada mas, bien porque se vuelva excesivamente lento, o porque los programas dejen de funcionar; y sobre todo será así en la medida que utilicemos programas que necesitan mucha memoria.

Algo parecido le ocurre normalmente a la persona que atraviesa por una depresión, sobre todo cuando se ve en esta situación sin un desencadenante ni motivo aparente. El miedo a no controlar la situación, ver como pierde sus capacidades para funcionar normalmente, la impotencia, el «tendría que estar bien», la presión social, etc. agravan la situación y no permiten que la mente y el cuerpo se vayan recuperando, al igual que en cualquier proceso traumático.

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